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Una aparición inesperada.

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Una aparición inesperada.

Mensaje por Isirium el Dom 2 Oct - 22:39

Era de noche, una fría y oscura noche. Altos árboles se alzaban sobre la tierra, proyectando siniestras sombras por la escasa luz lunar que conseguía adentrarse en la densa arboleda. Sólo los bordes de ramas y los desniveles del terreno podían ser percibidos por la entrecortada luz entre las hojas. Por detrás de los árboles de primer plano, se puede distinguir una corriente plateada a la emisión de la luna. Se trata de un afluente de pequeño tamaño, que a duras penas permite el paso de una embarcación mercantil, seccionando dos arboledas dentro de este bosque. Su desembocadura y origen son lejanos al propio lugar, pero no es fortuito que tanta vegetación se haya engendrado a raíz de éste. El sitio reposaba en un silencio sepulcral, sólo interferido ocasionalmente por el sonido blanco de la corriente, algunos insectos y otros animales nocturnos que se movían entre los arbustos.

Un ligero burbujeo en la superficie del afluente interrumpe la escena. Una lente encajada en un cilindro metálico asoma entre la corriente acompañada por un ruido de engranajes. Tras rotar para integrar una visión panorámica, este periscopio es recogido y vuelve a sumergirse.

Acabado el sondeo, comienza un espectáculo mayor, que destroza toda la harmonía de la escena anterior. Poco a poco, va emergiendo una cabina metálica que forma un poliedro de base más ancha, con aristas muy angulosas y remaches en cada línea de su superficie, que recorrían el conjunto como si se tratase de suturas. Justo detrás, dos cilindros separados en forma de “V” produjeron una primera bocanada de humo, un gas blanquecino y muy denso que empieza a recubrir toda la superficie del afluente. Una vez emergida esta cabina, el resto del vehículo queda al descubierto. Un portentoso trapecio invertido al de la cabina, igualmente remachado y con multitud de tubos que se ramificaban por toda la estructura. El conjunto metálico se definía brillantemente a la completa luz de la luna, pudiéndose observar el color del latón, un dorado cobrizo que reflejaba con intensidad, aportando más luminosidad al paisaje. Todo el silencio se había desvanecido, la corriente de agua quedaba sorda ante el estruendo provocado por los engranajes de las ruedas con cadena de oruga a cada lado del acorazado, los insectos no podían oírse con el silbido de la ingente cantidad de tubos y chimeneas que emitían frenéticamente vapores, ahora condensados en una densa niebla alrededor del vehículo. Cualquier animal nocturno que hubiera estado antes, ha huido con semejante estruendo, que resonaba con eco en lo más profundo de aquel bosque.

Ahora esta infame máquina surgida de la orilla comienza a ascender la ladera del afluente en un estruendoso ruido de un motor de vapor, que parecía sofocado ante tal esfuerzo y lo compensaba con más emisiones por las chimeneas. Llegado al extremo, se inclina de su posición diagonal para incorporarse al plano del claro de este bosque, no sin hacer temblar la tierra por el impacto. Una vez en tierra, mientras el agua aún chorreaba desde cada abertura y cilindro lateral, una de las chimeneas libera una última bocanada blanca en señal triunfal. El acorazado anfibio había dejado un gran charco de agua a su alrededor, que poco a poco se iba difuminando entre la densa niebla que emitía el tanque, que ya había logrado esparcirse entre el boscaje.

Un nuevo silbido de algún tubo que liberaba vapor de la cabina anunciaba alguna otra acción mecánica del artefacto. En este caso, una escotilla en la pared se abre en plano vertical, haciendo contacto con el suelo y dejando ver una escalerilla que conducía al interior del tanque, el cual no se distinguía entre tanta niebla, pero emitía una verdosa e intensa luz desde el interior que contrastaba con el anaranjado metal. Unas pisadas de botas resonaron sobre los peldaños metálicos antes de hundir su suela en el barro. Ahora, despejada la niebla y en reflejo espontáneo de la luna, podemos distinguir a la figura envuelta en un largo y ceñido abrigo negro, en contraste con un rostro increíblemente pálido. Unas facciones algo angulosas y el cabello castaño, al igual que los ojos, que proyectaban una mirada intrascendente hacia el horizonte, una silueta recortada en la luz verde del interior. Con el sombreo de copa en una mano, y un maletín de médico dieciochesco en la otra, avanza unos pasos hacia el claro de la arboleda. Se detiene contemplando un poco el paisaje y dedica una mirada al análisis del terreno. A continuación, pronuncia:

-Este parece un buen lugar. ¡Charles, trae aquí el equipo!-

Dictada la orden, se oye un golpe seco resonar en el interior del tanque, aún abierto, definiendo parcialmente la escena con una luminaria verde que había tintado la niebla. Esta vez, un monstruoso agregado de chatarra con forma humana sale de allí, con dificultades para pasar por la escotilla dado su desproporcionado tamaño. Ahora mejor divisado entre la niebla, se puede describir como una enorme armadura de remaches apenas dejando al descubierto una oscurecida tela beige, con una escafandra que apenas perfilaba la forma de una cabeza, y se incrustaba en los hombros y la espalda llegando a encajar con las piezas de los brazos. Esta escafandra tenía un vidrio frontal a modo de ojo de buey con remachado, que no permitía ver su interior, y sin embargo emitía una intensa luz amarilla como la de un faro. Era del mismo material que aquel tanque del que había salido, pero se le notaba más salitre y oxidación por todo el contorno. En general, recordaba a un traje de buzo de mediados del s.XIX, mucho más acorazado, pero sería muy atrevido decir que en su interior pudiera haber un hombre, porque el conjunto al completo parecía mecánico. Sostenía una pistola remachadora, sujeta por ambas manos. A pasos agigantados, pero con poca rapidez y agilidad, el monstruo de latón alcanza a la primera figura haciendo retumbar el suelo a cada paso, deteniendo sus enormes pisadas a escasos metros detrás de él. Ahora, libera un gruñido infrahumano, que recuerda al canto de una ballena, haciendo que un nuevo eco haga resonar la arboleda.

El primer tripulante de la escena, que ahora reconocemos como el Dr. Isirium, extrae un envejecido libro encuadernado en algún tejido oscuro de su maletín. Lo abre por una página determinada, extiende el brazo y despliega sus dedos frente suya, y enfocando su mirada al suelo, formula una serie de indescriptibles pasajes arcanos en una lengua extraña.

Acto seguido, se produce un severo silencio. Un ligero temblor en la tierra lo interrumpe y de repente, la tierra de su alrededor comienza a ser socavada desde el interior, en una frenética cavadura de varios agujeros que se van abriendo por diferentes lugares del claro. De ellos comienzan a extenderse putrefactas extremidades humanas que se convulsionan en un afán por recobrar la vitalidad perdida en su eterno letargo. En poco tiempo, los primeros cuerpos asoman, y arrastrándose o retorciéndose en sus excavaciones, se levantan e incorporan para avanzar tambaleantes ante su invocador, frente al cual se detienen. Ahora, una creciente horda de cadáveres resucitados se agrupaba rodeando el claro. A muchos les faltaban alguna extremidad, casi todos habían perdido sus globos oculares y dejaban al descubierto unas cuencas profundas llenas de suciedad, tierra e incluso insectos que ahora les recorrían por todo el cuerpo. Los pocos que conservaban los ojos, los tenían desteñidos, desde vidriosos y blanquecinos hasta amarillentos y membranosos. Vestidos con andrajosas ropas de aldeano, algunos portaban picos, hachas y palas e incluso guadañas, hoces y azadas. Una escena macabra y de mal gusto para cualquiera, a pesar de que el oscuro doctor estaba ya acostumbrado. Una vez acabado el movimiento, se podía contar una docena alrededor del claro, vagamente iluminados con la luz verdosa del interior del tanque, aún abierto, y los fugaces reflejos de la luna. Ahora, en un tono más animado, el Dr. Isirium ordena:

-Charles, repárteles el equipo. Quiero cinco a la ladera de la montaña más cercana, que establezcan la cantera. Otros tres a por madera, talarán todos los alrededores. Y los que queden, ¡Que empiecen a cavar!-

Otro de esos desquiciantes gruñidos de bestia de las profundidades y el monstruo de latón se retira. Según lo ordenado, le da picos a los babosos y tambaleantes cuerpos que aún conservan algo de masa muscular, y palas y hachas al resto que no llevaban. En poco tiempo, el bosque se había convertido en una industrializada cadena de trabajo, entre los árboles se distinguían fugazmente unos lentos golpes de hacha, mientas que en el centro del claro, no muy lejos del afluente, cuatro de sus más enjutos zombis clavaban la pala en tierra y cavaban una zanja rectangular de gran tamaño. Estos seres no hablaban, ni pensaban, pero sabían exactamente lo que el doctor les había ordenado.

El acorazado, estacionado peligrosamente al borde le la ladera, iluminaba en tonos verdes el paisaje. Un chirriante y descomunal ser de latón supervisaba la escena, a la vez que custodiaba al Doctor mientras este, ahora equipado con unas gafas con múltiples lentes amplificadoras, examinaba tranquilamente la vegetación autóctona de aquel inmenso bosque.
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Re: Una aparición inesperada.

Mensaje por Jeor Mormont el Miér 5 Oct - 0:58

En las tinieblas de la noche, entre los arboles secolares de aquel bosque, se podia distinguir una sombra inmensa que apenas se perfilaba, ya que su paso agil y silencioso le permitia confundirse con las siluetas de los gigantes de madera.
Se traba del Viejo Oso, Maestro de los Cazadores, que, mas por placer que por deber, patrullaba por el inmenso bosque.
Le encantaba pasear por ese bosque, segun él, el caminar por terrenos tortuosos con un arsenal pesado de armas bajo la capa entrenaba su cuerpo y el aire gelido de montaña le despejaba la mente.
Se sentia en harmonia con aquel lugar sacro y, cuando apoyaba la mano sobre la corteza de algun arbol centenario, podia oir su espiritu que le agradecia la proteccion que brindaba al bosque.
Mormont miró hacia el cielo, su visión se vio algo obstruida por las frondas de los arboles, pero cuando las hojas se apartaban bailando con el viento, podia distinguir alguna que otra estrella... y algo inesperado que en aquel momento le desconcertó: humo.
- ¿Sera el fuego de algun extranjero que no conoce las reglas sobre este bosque? O peor... ¿De algun fugitivo o criminal malintencionado? Sea como fuere... tengo que averiguar lo que es-dijo encaminandose rapidamente y con cautela.

Llegado al punto donde corria un pequeño afluente que separaba el bosque en dos mitades, vió una imagen hacia palidecer todo aquello en lo que habia pensado: ¡Una horda de muertos que deforestaban su adorado y protegido bosque!
Trepó sobre un arbol con una agilidad felina impropia de un hombre de su masa y de su edad y observó detenidamente la escena que se le presentaba.
Enseguida le llamó la atencion la armadura gigante, si asi se podia definir y aquel cacharro lleno de tubos, nunca habia visto nada parecido en su larga vida.
Después se fijó en el hombre que, con un extraño par de lentes, observaba el ambiente circunstante.
Era extranjero, eso era poco, pero seguro, ya que aquellos cachivaches que usaba no eran de ninguna de las tierras de los cinco reinos.
Lo observó con atención, su piel extremadamente palida y los muertos que le rodeaban, le hicieron deducir que aquel hombre era un vampiro.
Aunque todo esto no supusiera un gran problema, ya que Mormont se habia enfrentado a situaciones parecidas en el pasado, decidió que seria mejor pedir refuerzos, ya que con la tecnologia que tenia el vampiro a su disposición, podria ser capaz de cualquier cosa.
Sacó de debajo de la capa su arcabuz y lo cargó con una cartucha de polvora bastante gruesa, la disparó y, con una gran explosión, el cielo se iluminó con una marea de brillantes chispas rojas.

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Re: Una aparición inesperada.

Mensaje por Isirium el Miér 5 Oct - 8:16

-¡¿Qué ha sido eso?!-

Se preguntó el Doctor, en primer grado, asustado, pero ahora cada vez más preocupado.

-Charles, creo que nos hemos metido en algún lío.-

El gorila metálico emitió un gemido ahogado que resonaba estridentemente en el interior de su carcasa de latón, a modo de respuesta, y se inclinó a su altura. Su rostro de luz amarilla quedó fijo en su superior.

-Quizás deberíamos haber consultado las propiedades de estas tierras en el fuero más cercano.:- Dijo con ironía, a lo que añadió: - Esconde los cuerpos por los alrededores y ponte tu mejor gala, intentaremos resolver esto de un modo diplomático.

Bajó la cabeza con una sonrisa ensombrecida por unos ojos diabólicos. Hizo un elegante gesto con la mano y todos los tambaleantes zombies de la escena se desmoronaron, cayendo estrepitosamente contra la tierra. Obedientemente, el individuo mecánico los fue recogiendo a hombros de tres en tres, y los dejaba semienterrados no lejos del punto de encuentro.

Ahora, depositaba en el centro del claro una sección de tronco, de aproximadamente un metro y medio de diámetro, a modo de mesa, y dejó caer unos trozos más pequeños alrededor, en uno de ellos ahora estaba sentado el doctor.

-Ve calentando la tetera. Tenemos visita. - : Mencionó con un tono más frío, casi planeado, mientras perdía la vista en la infinidad de la oscura arboleda.
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Re: Una aparición inesperada.

Mensaje por Styrmir el Sáb 15 Oct - 14:30

[offrol: Perdon por la tardanza pero se me mesclaron muchas cosas]

Me encontraba caminando por el pueblo de forma despreocupada cuando el cielo se ilumina me doy la vuelta y peudo ver a la ascendiente vengala en el cielo elevandose desde los bosques, rapidametne reconoci esa vengala había problemas en el bosque y necesitaban de los cazadores dsiponibles por lo que mi deber era claro tenia que ir a ayudar, corri rapidametne hacia mi casa donde saque un poco de armamento, debido a la situaicon no podía llevar mucho a lo que lo unico que llevaria son, mi trabuco, clavos y perdigones para tiros extra al igual que mechas y una bolsa de polvora llena hasta el tope, y para combatir cuerpo a cuerpo 2 armas muy especiales

Spoiler:

Este equipaje era para poder prestar ayuda rapidamente y tambien me permitiría retirarme del campo de batalla de ser necesario, sali de mi casa corriendo en direccion hacia los bosques
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